La irrupción de la COVID-19 en nuestra vida ha supuesto un antes y un después en un sinfín de aspectos. Entre otros, ha puesto de manifiesto la necesidad de adaptar las rutinas a una nueva manera de vivir, en la que no siempre todo tiene que ser físico. Una máxima que se materializa en la posibilidad de disponer de los servicios de un psicólogo online con todas las garantías. Está claro que la nueva normalidad pasa por poder recibir una terapia psicológica a través de llamadas y videollamadas.
¿Cómo retomar la vuelta a la normalidad tras el aislamiento?
Es sabido por cualquier experto que un periodo de aislamiento deja una marca psicológica. La población debe aceptar que esto sucederá para retomar poco a poco la normalidad cuando finalice la cuarentena.
¿Cómo gestionar las emociones durante el aislamiento?
El confinamiento obligatorio y prolongado en el que nuestra sociedad se halla inmersa puede generar sentimientos de tristeza y depresión. Se trata de una situación emocionalmente compleja que requiere la puesta en marcha de nuevos recursos psicológicos para sobrellevarla y gestionar nuestras emociones.
¿Cuál es el propósito de la tristeza y la depresión? ¿Cómo salir de ella?
La tristeza y la depresión tienen un propósito de ser, una razón, un por qué y una función. Es necesario sentirlas y vivirlas para encontrar el motivo de su aparición, solucionarlo y de esta forma ser capaz de volver al equilibrio.
La tristeza es una emoción básica, y por ello intrínseca al ser humano, que suele manifestarse con un sentimiento de dolor anímico, insatisfacción, tendencia al llanto, falta de energía y una actitud general pesimista. Puede diagnosticarse depresión cuando el paciente presenta un cuadro sintomatológico en el que se encuentran, entre otros indicios, estados constantes de tristeza durante más de tres meses.
La depresión, por su parte, es un síndrome que conlleva una tristeza profunda y síntomas de tipo afectivo (apatía, desesperanza, decaimiento…) entre otros, por lo que podría definirse como una afectación global psíquica y física, a veces con trastornos neurovegetativos.
Hablar de lo que nos preocupa alarga nuestra vida
En nuestro día a día, nos suceden infinidad de cosas distintas. Algunas nos hacen sentirnos bien, y otras, no tanto. En cualquier caso, lo que sí queremos, en mayor o menor medida, es compartir esas experiencias y sentimientos con los demás. Y hacer esto alarga nuestra vida. Cuando nos guardamos nuestras preocupaciones, estas nos acribillan mediante pensamientos intrusivos. No dejamos de «darles vueltas», como una bola de nieve que va creciendo. Con ello, aumentamos el malestar que nos generan esas experiencias negativas. La solución para evitar que este sufrimiento crezca y nos arrastre consiste en hablar sobre ello.






